
"Adolfo y Lucía tenían claro, cuando se casaron, que querían formar una familia. Y lo han conseguido. “Éramos muy jóvenes, pero los niños no llegaban, así que pusimos de nuestra parte para que lo hicieran”, cuentan a ALBA.
Dos años más tarde, y con nueve meses, llegó Lucía a casa, su hija mayor. Cuando ella tenía cuatro años, volvieron a India a buscarle una hermanita: Patricia, que entonces tenía poco más de un año. Y hace algunas semanas volvieron de nuevo para recoger a Rocío Tulshi, su hija pequeña, que ronda los seis años.
Lucía considera que ahora, desgraciadamente, y debido a la imagen mediática que ofrecen algunos personajes públicos, la adopción ‘está de moda’. Algo que ha hecho que se olvide que el objetivo de la adopción es buscar unos padres a los niños y no unos niños a los padres: “Se ha frivolizado convirtiendo a los niños en un capricho de los padres. Resulta llamativo ver a una pareja de actores ‘coleccionando’ niños de diferentes razas; niños que crecerán y se convertirán en adultos negros, chinos, vietnamitas o rusos, pero siempre hijos.
Hijos que se preguntarán el motivo que condujo a sus padres a adoptarlos: ¿Fue el amor, o la compasión por unos niños hacinados y maltratados en orfanatos, mientras ellos defendían el derecho de las mujeres a decidir sobre la vida de sus bebés no nacidos?; ¿fue el amor o necesitaban adornos exóticos para llenar sus vacías vidas?”.
Soledad de cinco estrellas
Lucía subraya que cuando se actúa así los niños son los más perjudicados. Los padres a veces “creen que siempre estarán mejor en cualquier parte que en aquel horrible lugar del que proceden, y no se dan cuenta de que con frecuencia lo único que cambia en sus vidas es el hotel de cinco estrellas, que antes ni imaginaban que existía, y una vez más se les niega el calor de una familia”, explica.
Esta madre de familia tiene muy claro que sus tres niñas son ya tan hijas suyas como si las hubiera traído al mundo: “Nuestras tres hijas ‘fueron adoptadas’, no ‘son adoptadas’: la adopción las incorporó a nuestras vidas, y desde ese momento se convirtieron en hijas como lo es cualquier otro niño que crece en el hogar donde fue engendrado. Como madre me duele que se hagan distinciones entre hijos biológicos y adoptados, puesto que todos son hijos. Sólo puede diferenciarse el camino mediante el cual llegan a la familia, porque padres biológicos o padres adoptivos comparten una única motivación para serlo: el deseo de convertirse en tales”.
Estas tres niñas comprenden, en la medida en que su edad se lo permite, que tres generosas mujeres indias les dieron la vida, para que sus padres les enseñaran a vivirla. “Desde ese preciso instante y en la distancia, nuestros corazones laten juntos aunque no compartan nuestra sangre. Creemos que nadie puede sentirse poseedor del ‘derecho’ a tener un hijo pero todos los niños tienen derecho a tener una familia. Los hijos son un regalo, y los padres, sabedores de esto, debemos enseñarles a amar respetando su individualidad, no proyectando sobre ellos nuestros anhelos y deseos no satisfechos”, considera.
Lucía ha experimentado con su marido que “tener hijos es la complicación más maravillosa de la vida. Claramente, nosotros no adoptamos a nuestras hijas, fueron ellas las que nos adoptaron y nos han convertido en lo que somos: los padres más afortunados del mundo“, concluye."

2 comentaris:
Gracias por esta entrada. Es preciosa y tiene tanta verdad...
Un saludo.
Lyd.
Penso que avui en dia, la gran majoria dels que estem adoptant tenim molt clar el què explica Lucía.
Sap greu que des de fora, que qui no està ficat en el tema, pugui entendre que adoptar està de moda, que s'ha de ser ric, etc...
Molt bones festes, veïna.
Laura.
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